Convivencia Alterna

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“En Gaza y en Centroamérica los niños sufren desmesuradamente” julio 29, 2014

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2014:  ¡Trabajar en Favor de la Humanidad!

GAZA

Niños de Gaza y de Centroamérica: sufriendo inconmensurablemente

Ninos Migrantes

“En Gaza y en Centroamérica los niños sufren desmesuradamente”

 

“Una sociedad se conoce por la forma como trata a los niños y a los ancianos” (Gandhi).

 

Justo al momento de cumplirse cien años de haberse iniciado la primera gran carnicería humana del siglo XX (julio, 1914), que  con sus matanzas dejó varias decenas de millones de muertos (1), la humanidad se estremece de nuevo con las impactantes y descorazonadoras imágenes de niños de ambos sexos, destrozados y sepultados bajo toneladas de escombros de edificios, casas y escuelas, infraestructura derrumbada en cuestión de segundos con milimétrica precisión por los misiles israelíes.

Se ve claramente que en esta nueva oleada de agresiones y matanzas israelíes hacia el pueblo palestino (muy al estilo de las efectuadas en Sabra y Shatila (2), a inicios de los años ochenta), los objetivos no son militares, sino más bien la población civil no combatiente, y en particular, la población infantil.

¿Por qué razón?

Porque nada golpea más duro a un pueblo que el asesinato de su niñez, en quien descansa precisamente su futuro inmediato. Por ello es que no resulta descabellado que en las denuncias de Noam Chomsky, la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, el presidente Mujica de Uruguay y Daniel Ortega de Nicaragua, ellos utilicen el término “genocidio”, pues todo indica que las intenciones de los carniceros es “acabar con lo poco que va quedando de este pueblo”, para emplear textualmente la frase empleada por Eduardo Galeano en un artículo suyo publicado en días recientes.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia de aquel horrendo escenario de destrucción, sangre y muerte, aquí en la región centroamericana, en el centro geográfico de América, otros miles de niños (50 mil únicamente en los últimos 18 meses, según algunas cifras oficiales), deambulan como nómadas a través del desierto de violencia, explotación y peligros en el que se ha convertido su travesía a pie, bus, tren o escondidos en camiones de carga, una travesía hacia un supuesto “sueño americano” que ya no existe más que como una grotesca muesca de un país que ya no existe.

Y ya no existe tal país y su supuesto “sueño americano”, por la sencilla razón de que esta nación –otrora envidada por todas las naciones del mundo-, desde hace un par de décadas ha dejado de ser lo que era, y ahora, en pleno siglo XXI, tiene que aprender que también los imperios están sujetos a las conocidas leyes del devenir, que todo lo que sube tiene que bajar, y de que todo nace, crece, se reproduce, decae y muere.

En vez de que los gobiernos y las élites económicas de Guatemala, Honduras y El Salvador se deshagan en malabares discursivos, tratando de justificar su ineptitud (y complicidad) con el abandono y exilio forzado de estos pequeños seres ¿No sería mejor que estos hablen con la verdad a los pobres de Centroamérica?

¿Y cuál es la verdad que las élites y los gobiernos en Centroamérica deberían darle a sus respectivos pueblos?

Deberían, sencillamente, decirles, en primer lugar, que Estados Unidos es una potencia en declive, que este país ya tiene sus inmensos bolsones de pobreza y de pobres, de que allí el trabajo ya no abunda, y que lo único que está creciendo en la patria de Lincoln es el odio a los extranjeros, la pobreza, el desempleo, la brecha entre ultra ricos y ultra pobres, la discriminación y el racismo.

También deberían explicarles a los papás de estos niños que se ven forzados a emigrar solos o acompañados de coyotes, que no pueden ni deben criminalizarlos, pues son ellos mismos, gobiernos y élites, los primeros en haber fallado, al no poder, al no querer realizar las debidas transformaciones sociales para que en estos países los padres de familia tengan acceso al pleno empleo, a la educación y salud estatal y de calidad, acceso a la tierra y a otros medios de producción, en otras palabras, al pan, al trabajo y a la libertad… a eso que en otras partes le llaman “democracia”.

¿Qué se puede hacer ante tanto sufrimiento allá en Gaza y aquí en Centroamérica?

Lo primero es levantar la voz (y la mirada…), más allá de nuestra pequeña, cómoda y mezquina burbuja privada. Lo segundo es ayudar a ejercer presión, presión de diverso tipo (mediática, informativa, ideológica, política y social), de modo que las principales instancias estatales y de gobierno (así como también   el Sistema de las Naciones Unidas y su enjambre de agencias inter-estatales),  se vean obligadas a tomar decisiones y acciones a favor de los desfavorecidos, en este caso, a favor de los niños de Gaza y de Centroamérica.

Una tercera forma de evitar quedarse con los brazos cruzados es apoyar en los gestos de movilización y organización que emprenden los que están sufriendo. Eso que en otros momentos ha sido llamado “solidaridad”.

Si usted no tiene tiempo para ello entregue dinero. Sino tiene tiempo ni dinero haga conciencia en otros de estas realidades, en su casa, en el barrio, la oficina, en la calle, en el chat o en las redes sociales.

Recordemos la frase de la Cruz Roja Internacional: “nadie es tan pobre que no pueda ayudar, ni tan rico que no pueda llegar a necesitar”.

En suma, “hoy por ti, mañana por mi”.

 

Sergio Barrios Escalante.

Coordinador de la Asociación para el Desarrollo Integral de la Niñez (ADINA).

Convivencia Alterna es el sitio virtual oficial de ADINA.

 

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Adquiera un ejemplar del Libro “La Falsa Denuncia”. Esos fondos nos ayudarán a comprar medicamentos para varias familias en extrema pobreza en el Municipio de Pastores, Departamento de San Juan Sacatepéquez, Guatemala.

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