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ENTRE EL FEMINICIDIO Y UNA PENSIÓN ALIMENTICIA noviembre 19, 2011

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¡ LO  QUE  NO  SE  NOMBRA  NO  EXISTE!

Pobreza infantil o pobreza de la sociedad

Pobreza infantil o pobreza de la sociedad

ENTRE  EL  FEMINICIDIO Y  UNA PENSIÓN  ALIMENTICIA.

Por Julio Abdel Aziz Valdez – Guatemala,10 de noviembre de 2011

Desde hace unos días revoloteaba en mi cabeza la idea de escribir algo en relación a los cuestionamientos que surgieron en torno a la aplicación de la Ley de femicidio y otras formas de violencia contra la mujer, aprobada por el Congreso, hace ya casi tres años, sin embargo la nota de la Prensa Libre del día de 28 de octubre “Pago de pensiones alienta femicidios” aumento mi interés por el tema, hago la aclaración antes, de que estoy a favor de los esfuerzos que se realizan para acabar con el flagelo de la violencia intrafamiliar y de la cual niños y mujeres son los más sensibles, pero en la búsqueda de alternativas se utilizan algunas definiciones, por parte de algunas organizaciones que me parece que son discutibles, es mi interés entonces poner en relieve esa discusión.

El surgimiento de la normativa responde a una realidad actual, que se ha incrementado junto con todos los niveles de violencia que se presenta en la sociedad, igualmente responde a exigencias internacionales, especialmente occidentales, que se preocupan porque el orden de valores ligados a la idea de civilización no se cumpla. En toda esta vorágine de violencia las victimas mujeres representan un porcentaje menor, en relación por ejemplo con los hombres si lo equiparamos genéricamente, (casi una de cada diez asesinatos es de mujeres) pero si lo comparamos a nivel de sectores, es comparable con la muerte de pilotos y ayudantes de autobuses, comparable con la muerte de víctimas de enfermedades de transmisión sexual incluyendo al VIH, mucho menor que las muertes ocasionadas por desnutrición severa y crónica. Estas comparaciones tienden a plantear la muerte como el conteo del verdugo, frio y sin humanidad, pero desafortunadamente lo pone en perspectiva en relación a un hecho, la violencia es un fenómeno social, va más allá de las clases sociales, etnias y por supuesto géneros.

El ejemplo de la muerte de Cristina Siekaviza es emblemático, una muerte producida en la esfera alta de la sociedad, que casualmente en medio de la indolencia que caracterizan a esas mismas elites hacia los otros miembros de clases menos privilegiadas, solicitan solidaridad y presión popular. Esto destapo la olla de grillos en tanto que la violencia intrafamiliar no respeta posición social, pero… si determina el nivel de respuesta, haber puesto tras las rejas a una ex magistrada es una tarea ampliamente costosa legal y mediáticamente, otra mujer violentada en otras condiciones económicas, habría llevado un proceso cuesta arriba (que es la mayoría abrumadora)

En la nota de Prensa Libre se desnuda otra realidad, algunas motivaciones económicas en la muerte de mujeres, hay que remontarnos al trabajo muy bien desarrollado por Ongs de mujeres, para incidir en la aplicación de la ley contra los evasores de la pensión alimenticia, que contradictoriamente podría perpetuar el sentido cultural de dependencia hacia el hombre pero ese es otro tema, se ha incrementado tanto el número de arrestos por esta falta que la misma Defensoría Pública Penal está asumiendo estos casos, a pesar de no ser de su competencia, para gestionar rebaja de montos y negociaciones amistosas, esto con el objetivo de disminuir el número de reos en los centros de detención donde conviven con asesinos, ladrones y violadores y, que lejos de apoyar la responsabilidad del padre con sus hijos incrementa el nivel de resentimiento de los maridos “evasores” contra sus exconyuges, lo que se convierte en una bomba de tiempo.

A la vuelta de la esquina la aplicación de una norma legal contribuyó en algunos casos de femicidio, dicho en otras palabras, no necesariamente la motivación era el odio visceral misógino como lo plantea la ley sino la aplicación de normas preestablecidas con especial rudeza, ejemplo: es que se define que un hombre evasor de pensión alimenticia es puesto en prisión y luego para poder recuperar su libertad debe en principio pagar lo adeudado y luego comprometerse por escrito y con bienes inmuebles en calidad de prenda para los pagos futuros a la esposa y sus hijos, por otro lado se encuentra el derecho de la esposa de reclamar, además de la pensión alimenticia para los hijos, una para ella para que pueda asumir su rol de madre, evidentemente estas pensiones dejan de ser trasladadas en caso de que la mujer contraiga nuevamente matrimonio, pero en la realidad, eso sucede poco, se dan casos de mujeres que establecen nuevas relaciones sentimentales y, en contextos culturales como el guatemalteco, no necesita establecer el contrato matrimonial, por lo tanto puede continuar con el reclamo de las pensiones.

El otro lado de la pensión y que igualmente es recurrente, es que el hombre asume que este dinero le proporciona derechos sobre la ex conyuge, lo que crea situaciones tensas y violentas, de ahí que muchas mujeres opten por no reclamar las pensiones, sin embargo las organizaciones de defensa de los derechos de las mujeres y otras, alientan a que se produzca el reclamo y se hace presiones para que las autoridades ejerzan la fuerza necesaria para mantener la integridad de la mujer por medio de “órdenes de restricción o alejamiento”, lo que nuevamente incrementa el nivel de molestia de los hombres.

La ley de femicidio plantea un atenuante al homicidio per se. Al plantear la misoginia como una causa, lo que define es un crimen de odio, pero este odio solo puede ser entendido en una dirección del hombre hacia la mujer, los crímenes instigados o realizados por mujeres contra mujeres no tienen la implicación de “poder” por lo tanto son abordados por la legislación penal vigente, esto desdice el principio de igualdad ante la ley en tanto que un mismo crimen es juzgado de diferente forma por las connotaciones “socio antropológicas”, lo interesante es que la misma ley prevé que no se puede aducir condiciones culturales para justificar casos de violencia intrafamiliar, que es el caso de hogares en áreas rurales, especialmente indígenas donde pueda prevalecer la venta y robo de novias, crímenes de honor, o simplemente se ejerza la violencia como recurso de sujeción al poder patriarcal.

La misoginia, como lo define la ley, conlleva violencia como un componente, pero ojo, no toda la violencia hacia la mujer es necesariamente misógina, la forma como se plantea el odio hacia la mujer conlleva varios elementos dentro de la relación de poder, incluyendo la necesaria agresividad que es vista por algunos psicólogos como innata a los seres humanos en tanto que es parte del instinto de sobrevivencia, que esto evolucione en forma compulsiva a la violencia es otra cosa. Mucha de la violencia que se produce en el ámbito familiar se da en relaciones desiguales entre la pareja, a nivel de económico y sexual, en el primer elemento recae la responsabilidad en el hombre en forma desigual, (cambiante en la modernidad) y en la sexual donde la mujer se mueve entre el estimulo y recompensa hacia el hombre, ello evidentemente genera cadenas de tensiones, la crianza de los hijos por su parte son parte de las relaciones desiguales, que se observa crudamente en la existencia de miles de miles hogares con madres como jefas de hogar y que paradójicamente educan hombres. (falta ver cuántos hombres agresivos han sido criados en hogares donde la mujer es cabeza de hogar, además de los casos típicos de padres violentos)

Responsabilidad primaria de la Seguridad Alimentaria y Nutricional

Un abogado cuestionaba a la audiencia de una conferencia, ¿de quién es la responsabilidad primaria de la alimentación de los niños? Y por la cabeza de todos paso la idea del Estado, incapaz de generar empleo, inversión pública, educación universal, atención en salud bueno casi todo lo que regularmente se mastica en los medios, pero no… la responsabilidad es de los padres lo cual está plasmado en el Código Civil

ARTÍCULO 110. El marido debe protección y asistencia a su mujer y está obligado a suministrarle todo lo necesario para el sostenimiento del hogar de acuerdo con sus posibilidades económicas.
Ambos cónyuges tienen la obligación de atender y de cuidar a sus hijos, durante la minoría de edad de estos últimos.

Es evidente que la legislación norma un valor cultural socialmente aceptado y que se mantiene incólume, al menos imaginariamente, como es la obligatoriedad del mantenimiento de la esposa y de los hijos comunes, esto se reafirma más delante de la siguiente manera:

Derechos de la mujer sobre los ingresos del marido


ARTÍCULO 112. La mujer tendrá siempre derecho preferente sobre el sueldo, salario o ingresos del marido, por las cantidades que correspondan para alimentos de ella y de sus hijos menores.
Igual derecho compete al marido en los casos en que la mujer tenga la obligación de contribuir en todo o en parte para los gastos de la familia.

La aplicación de esta norma junto con la de femicidio, intentaban disminuir la brecha de poder entre hombres y mujeres en relación conyugal, pero era casi improbable que esto reconfigurará la relación en la modernidad.

El aumento de aprensiones de maridos que no cumplen con su pensión, demandas contra el patrimonio de hombres en juicios de divorcio, plantean una nueva realidad en las relaciones entre hombres y mujeres. Aun cuando el peso del abandono y manutención de los hijos en condiciones de separación sigue siendo para la mujer, se suma el peso de las mujeres que están engrosando las filas del ejército de trabajadores asalariados con sus respectivas demandas de equidad que están plasmadas en los cambios de normativa:

Obligaciones de la mujer en el sostenimiento del hogar


ARTÍCULO 111. La mujer deberá también contribuir equitativamente al sostenimiento del hogar, si tuviere bienes propios o desempeñare algún empleo, profesión, oficio o comercio; pero si el marido estuviere imposibilitado para trabajar y careciere de bienes propios, la mujer cubrirá todos los gastos con los ingresos que reciba.

Sin embargo el cambio legislativo es por mucho más rápido que el cambio cultural, las condiciones del matrimonio siguen siendo en su mayoría la reafirmación de la obligatoriedad del hombre en la manutención, los casos de reclamos por alimentos del marido hacia la mujer son menos que las demandas por violencia intrafamiliar cometidos hacia el hombre, lo que permite establecer que no son la regla, por lo tanto no constituyen una persistencia, más bien el artículo 111 es una especie de “por si acaso” o una manifestación de los legisladores por querer ser “parejos”.

La norma cultural es obligación varonil, incluso una mujer trabajadora llega a pensar que el trabajo remunerado como un momento, o una transición hacia la imagen idílica de una relación donde el hombre sea proveedor, y claro, al toparse con otras realidades los reclamos tienen asidero en los hijos menores.

Tomado de:

http://www.albedrio.org

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Convivencia Alterna (Publicación de la Asociación ADINA).

Responsable: Sergio Barrios Escalante.

Forma parte de la Revista Raf-Tulum.

Contacto:

convivenciaalterna@yahoo.com

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