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GUATEMALA: HAMBRE Y DESNUTRICION CRONICA INFANTIL Y GENERAL febrero 25, 2011

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Guatemala: hambre y desnutricion cronica infantil y general

ENSAYO: Guatemala: hambre y desnutricion cronica infantil y general

¡ Lo  que  no  se  nombra  no  existe!

 

 

 

Guatemala: hambre y desnutrición crónica infantil y general

 

 

Introducción:

El presente ensayo representa un análisis global (aunque relativamente exhaustivo),  el cual tiene como propósito central  exponer importantes factores estructurales y coyunturales, que inciden de manera directa en el flagelo del hambre y la desnutrición crónica y aguda, particularmente en los infantes.

Se realiza aquí un balance general acerca de los más importantes logros, avances, obstáculos y desafíos que presenta la lucha por la reducción de dicha problemática, tanto desde la perspectiva de los esfuerzos institucionales del Estado y de la cooperación internacional, como desde los diversos sectores de la sociedad civil.

El carácter político e internacional del problema de la pobreza extrema y el hambre.

El padecimiento del hambre crónica y la consiguiente desnutrición en niños y adultos, es un flagelo ligado de manera directa a las condiciones de pobreza y pobreza extrema que viven millones de personas en todo el mundo, efecto subsecuente de las enormes disparidades sociales y económicas que desde hace bastante tiempo prevalecen en muchas regiones y países.

En tal sentido, esta problemática específica esta preñada de un fuerte carácter político, por cuanto que, en gran medida, su solución definitiva está al alcance de quienes detentan un lugar y una posición privilegiada dentro de la sociedad, y sin restarle responsabilidad a la sociedad en general, puede decirse que la búsqueda de soluciones al respecto, también depende en gran parte de quienes manejan los principales mecanismos y palancas en la toma de decisiones institucionales, principalmente a nivel de Estado, de gobierno y a nivel intergubernamental.

Por ende, no existe ninguna excusa para que persona alguna (sea niña, joven o adulta), padezca el flagelo del hambre y la desnutrición por causas involuntarias. Recursos hay y en gran abundancia; financieros, económicos, sociales, culturales, institucionales, científicos, naturales, tecnológicos etcétera.

Sin embargo, a nivel mundial, según cifras de la FAO y de varios organismos internacionales, alrededor de 960 millones de personas padecieron hambre durante el 2010, agravándose la situación en los últimos cuatro meses, pues de octubre del año anterior a enero del 2011 (según declaraciones del presidente del Banco Mundial), el alza del 15 por ciento en el precio de los alimentos ha lanzado a otros 44 millones de personas hacia el segmento de la extrema pobreza, factor relacionado directamente con los efectos de la presente crisis económica mundial, que entre otras consecuencias, ha provocando la grave situación de ingobernabilidad regional y rebeliones sociales como las del norte de África de estos días (1).

Por otra parte, la cruda realidad nos indica que en el caso de Latinoamérica, considerada una de las regiones más desiguales del planeta, el coeficiente de Gini mostrado entre el período 1950-2000, ha oscilado entre el 0.50 y el 0.53, lo cual, según el PNUD, muestra que su “exceso de desigualdad” ha frenado el desarrollo de esta región” (2).

En este mismo sentido, a nivel intrarregional y hablando en términos comparativos, en los primeros años del presente siglo, Bolivia fue el país con el Coeficiente de Gini más elevado (60.1), mientras que Nicaragua arrojó el Coeficiente más bajo de todo el subcontinente (0.43), siendo este el país con menor desigualdad en relación a la distribución de los ingresos. Guatemala y Brasil por su parte, presentaron en el mismo período coeficientes sumamente elevados (55.1 y 57.0 respectivamente), situándose por ello, entre los países con mayor desigualdad en la distribución de los ingresos a nivel latinoamericano y mundial (3).

En cuanto al fenómeno de la pobreza extrema y el hambre, la región del mundo que más éxitos reporto en sus esfuerzos de reducción entre 1990-2004, fue el Asia Oriental (China e India), cuya población ubicada en el rango de los que vivían con menos de un dólar al día (el 83 por ciento de la población mundial), descendió del 33.0 al 9.9 por ciento (un enorme y asombroso salto), mientras que las regiones de África sub-sahariana, Asia Occidental, América Latina, los países en transición del sureste de Europa y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), vieron incrementados en términos absolutos, su población en extrema pobreza (4).    

Hay que tomar en cuenta que estos datos se refieren al período inmediatamente anterior al estallido de la crisis económica mundial. Si antes del 2007/2008, período en el cual empezaron a subir dramáticamente los precios mundiales de los granos y alimentos básicos, el grueso de la población latinoamericana en situación de pobreza extrema padeciendo hambre, ya era sumamente extenso, las cifras de personas en tal situación se ha incrementado sustancialmente en el último par de años (2008-2010).

La situación alimentaria de la niñez a nivel mundial, en Latinoamérica y en Guatemala.

La desnutrición contribuye decisivamente en más de un tercio del total mundial de fallecimientos en niños menores de cinco años (5), y se refiere no sólo a la falta de alimentos, sino también a otros dos factores clave: atención y salud (6).

En el año 2008, un total de 195 millones de niños menores de cinco años del llamado “mundo en desarrollo” (países pobres), padecían de desnutrición moderada o severa, con marcados retrasos en su crecimiento y padecimientos de enfermedades comunes perfectamente evitables con una buena alimentación (7). Un año después (2009), la cifra de infantes en tales condiciones ascendía a 200 millones de niños y niñas (8).

En fecha reciente, Ann M. Veneman, Directora Ejecutiva de UNICEF, sostenía que más de una tercera parte de los niños y niñas que en el mundo mueren de neumonía, diarrea y otras enfermedades, podrían sobrevivir si no estuvieran desnutridos, al tiempo que señalaba el período clave de los primeros 1,000 días que median entre la concepción de un niño o niña y su segundo cumpleaños, como el lapso más crítico de su desarrollo, pues la deficiencia nutricional en ese intervalo puede reducir la capacidad de los niños para combatir y sobrevivir a las enfermedades, y puede limitar de por vida su capacidad mental y social (9).  

Por otra parte, en un dato de suyo alarmante, el mismo reporte da a conocer que en nueve países del mundo, más de la mitad de los niños menores de cinco años (el 50 por ciento de este grupo etario), padecen de algún grado significativo de desnutrición, y se incluye entre esa lista a Guatemala, con lo que su situación en esta materia en particular, la sitúa en condiciones similares a los países de África y Asia del sur, que están entre las naciones con más alta prevalencia de este indeseable flagelo (10).

De igual manera, el dramatismo del caso de Guatemala también se hace evidente cuando se compara con los niveles de su región, es decir, con América Latina. Por ejemplo, en cuanto a la tasa de mortalidad de niñas y niños menores de 5 años (año de referencia 2009), el promedio latinoamericano se ubica en un 20.4 por ciento, mientras que el de Guatemala equivale al 42 por ciento, es decir, más del doble del promedio subcontinental (11).

En este mismo ámbito la situación para Guatemala ha llegado a tal extremo, que aunque tiene una economía relativamente fuerte en comparación con la sus vecinos más próximos, ni siquiera logra superar a otros países centroamericanos, pues El Salvador tiene un 19 por ciento de afectación; Honduras un 30 por ciento; Nicaragua el 35 por ciento; y Costa Rica apenas el 2.2 por ciento (12).

Guatemala: Algunos factores estructurales que inciden en la problemática del hambre y la desnutrición crónica infantil en este país.

Resulta difícil comprender como un país que sigue siendo eminentemente agrícola (es el primer productor mundial de brócoli por ejemplo), con una milenaria tradición en pequeña agricultura de auto-subsistencia, con un clima hasta hace muy poco tiempo envidiable, y con grandes extensiones de tierras ociosas, tenga en cuestiones alimentarias y nutricionales que ser comparado con niveles propios de África y las zonas más pobres de Asia.

La agricultura y la pequeña producción todavía tienen una particular importancia y un peso específico en la economía guatemalteca. Cerca del 40 por ciento de la población económicamente activa (PEA), está empleada en este sector y genera más del 20 por ciento del PIB nacional (13). Así mismo, dentro del sector agropecuario la agricultura ocupa un 60.4 por ciento, y además de generar divisas a nivel nacional, proporciona empleo a una buena parte de la población y se encarga de alimentar al país (14), e incluso, puede mencionarse que también alimenta a diversas poblaciones de El Salvador y Honduras.

Pese a lo anterior, desde hace décadas existe un proceso de gradual descampesinización y de reconcentración de la tierra, que junto a lacerantes políticas neoliberales de liberalización de importaciones con dominio de capital transnacional por parte de agronegocios (alentado por el  llamado “Consenso de Washington” que promovían y promueven el retiro del Estado), vienen despojando a los pequeños agricultores de sus derechos sobre la tierra y el acceso a la misma, así como obligándolos a abandonar sus ocupaciones agrícolas tradicionales, empujándolos hacia la migración interna en las ciudades guatemaltecas o como migrantes hacia el extranjero (15).

Al control que las empresas transnacionales de los agronegocios ejercen sobre los precios de los granos básicos, y al subsidio que los países ricos derraman sobre sus productos agrícolas de exportación (que hacen quebrar a la pequeña agricultura local de autosubsistencia), se debe agregar el incremento de la conflictividad agraria, generada entre otras razones, por la inseguridad en la tenencia de la tierra y el despojo arbitrario de la misma, particularmente con fines de implementación de megaproyectos relacionados con la industria de extracción minera, construcción de grandes proyectos hidroeléctricos, y a la expansión del latifundio a través de la utilización de grandes extensiones de tierras para plantaciones de palma africana, y otros productos de exportación propiedad de las élites y sus socios extranjeros (16).

En tal sentido, es importante recordar que en la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, realizada en Porto Alegre en marzo del año 2006, se estableció claramente la íntima vinculación existente entre tierra y desarrollo socioeconómico (17).

De allí que Winkler & Monzón resalten en su estudio, la estrecha relación que hay entre el desarrollo rural de carácter integral, y los procesos transformativos de las estructuras agrarias, que no sólo permiten la democratización del acceso, uso y control de la tierra, sino que también a la postre propician un desarrollo social y económico más equitativo (18). 

No existe ninguna razón económica, técnica (ni moral) para aceptar la situación de hambre y desnutrición crónica por la que actualmente atraviesa buena parte de la niñez guatemalteca.

Si quisiéramos medir el éxito en términos de nivel de ingresos per cápita, a pesar de sus múltiples carencias como todo país latinoamericano, la evolución económica de Guatemala en las últimas dos décadas (1986-2007), mostró signos de recuperación cercanas a las experimentadas durante las históricas tasas de crecimiento de los años sesentas e inicios de los setentas del siglo XX, situándose este país en dicho período en el grupo de 120 naciones de ingreso medio bajo, cuyo rango oscila, de acuerdo a estándares del Banco Mundial, entre los US $ 906.00 a los US $ 3,595.00 (19).

Por lo demás, este país ha logrado durante muchas décadas mantener una relativa estabilidad macroeconómica, con bajas tasas de endeudamiento externo y de inflación, así como es famoso por ocupar uno de los primeros lugares a nivel mundial en cuanto a la posesión de naves aéreas (avionetas y helicópteros), de propiedad exclusivamente privada.

Sin embargo, pese a lo anterior, el 31.9 por ciento de la población total de Guatemala (alrededor de 3 millones de personas), sobrevivía en el año 2002 con menos de dos dólares al día. Mientras que para el año 2006, el 71.3 por ciento del total de la población económica ocupada (PEO) estaba formada por el sector informal y de microempresas, involucrando a más de cuatro millones y medio de personas en actividades económicas con muy bajos o precarios ingresos (20), aunque debe reconocerse que en dicho período hubo un leve descenso en la cantidad de personas viviendo en extrema pobreza (21).

Compromisos del Estado guatemalteco en torno a garantizar la seguridad alimentaria y nutricional para los infantes y población en general.

En los últimos años el Estado guatemalteco ha emprendido una serie de compromisos en torno a la búsqueda de logros en términos de garantizar la seguridad alimentaria y nutricional para los infantes, esfuerzos que a grosso modo pueden clasificarse en los siguientes ámbitos: el jurídico y normativo; el político-institucional; y el programático-social (planes, proyectos, campañas etc.).

En el nivel jurídico-normativo el país ciertamente ha hecho avances significativos en el plano internacional y nacional: es firmante del Convenio de los Derechos del Niño; en 1985 promulgó una nueva Constitución Política de la República con compromisos específicos de protección a la familia (22); El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales –PIDESC-, suscrito por el Estado de Guatemala en 1988: en 1990 se adhirió y asumió compromisos concretos en el Marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) (23); en el año 1996 asumió compromisos adicionales y concretos en los llamados Acuerdos de Paz, con los cuales se puso fin a más de 36 años de guerra civil (24); mientras que en los primeros años del siglo XXI promulgaron entre otras: la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria; la Ley de Desarrollo Económico y la Ley de Protección Integral a la Niñez y la Adolescencia, entre otras.

En el ámbito político-institucional el Estado guatemalteco también ha logrado avances en los últimos años, estando entre otros; una Política de Desarrollo Social y Población; la creación de una Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional; un Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN); y se ha creado una Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN).

Mientras que a nivel de planes y programas de gobierno, en las últimas tres administraciones: Alfonso Portillo (1999-2003); Oscar Berger (2004-2007); y Álvaro Colom (2008-2011), se han creado un sinnúmero de planes y programas sociales de atención específica a la problemática de la mal nutrición infantil, entre los que sobresalen los siguientes: La “Estrategia de Reducción de la Pobreza”; “El Plan de Reactivación Económica”; el programa “Guate Solidaria Rural” (25); “Creciendo Bien”; “Salvemos Primer Grado”; “Extensión de Cobertura de los Servicios Básicos”; “Vaso de Leche”; y el mega-programa denominado “Cohesión Social” (26).

La rendición de cuentas del gobierno con respecto a la reducción de la pobreza extrema, el hambre, la desnutrición y la mortalidad infantil en Guatemala.

En los últimos veinte años (1989-2006) la reducción del número de personas en extrema pobreza apenas alcanzó un 2.9 por ciento, por lo que resulta evidente que la meta de reducirla a un 50 por ciento en el 2015 (en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio), no se cumplirá, pues según la fuente oficial consultada, el avance acumulado sólo alcanza el 32 por ciento (27).

Pese a ello, el actual gobierno cita como un logro el hecho de que durante los años críticos del 2008 y el 2009, la inversión social creció a un promedio anual de 22 por ciento con referencia a 2007, mientras que las transferencias monetarias condicionadas orientadas específicamente a reducir la pobreza, crecieron durante el mismo período 2.7 veces (28).

En cuanto al compromiso de la reducción a la mitad del porcentaje de personas con hambre, particularmente, en relación a la desnutrición global (peso) y a la desnutrición crónica (talla) en los infantes menores de cinco años, en los últimos 22 años (entre 1987 y 2008/2009), ha habido una marcada tendencia al descenso, al punto que en la actualidad el país se encuentra a sólo 2.55 puntos porcentuales de alcanzar la meta trazada para el 2015 en este indicador, muy por el contrario de lo que ocurre con la desnutrición crónica infantil (llamada con justa razón “enemigo silencioso”), la cual si bien mostró una tendencia a la baja durante unos años, a partir de 1998/1999 y el año 2002, han habido repuntes (29): en 1987 el número de afectados era del 57.9 por ciento; en el 2002 era el 43.3 por ciento. La meta de reducción para el 2015 en este indicador es del 29.0 por ciento, quedando una brecha de 14.5 por ciento, muy poco probable de ser alcanzada en el lustro que aún queda de plazo, de acuerdo a las fuentes oficiales que elaboraron el presente informe gubernamental (30).  

Respecto a la subnutrición (porcentaje de la población general por debajo del nivel mínimo de consumo de energía alimentaria), en 1989 el porcentaje afectado se calculaba en 18.1 por ciento, mostrando una leve reducción en el 2006 (15.2 por ciento); la meta de disminución en este indicador es del 9.05 por ciento para el 2015, quedando todavía una brecha de 6.15 por ciento (31).

Con relación a la reducción de la mortalidad infantil en niños menores de cinco años, en Guatemala la tasa de mortalidad en la niñez en 1987 era de 110 por cada mil nacidos vivos; para el período 2008-2009 descendió a los 42 por cada mil nacidos vivos (32).

Las fuentes oficiales establecen cálculos optimistas respecto a la posibilidad de alcanzar la meta específica en este rubro (37 por cada mil nacidos vivos en el 2015), siempre y cuando en el lapso que falta se continúe con el 2.8 por ciento anual como ritmo de descenso promedio (33).

Respecto a las tasas de mortalidad infantil en menores de 1 año, las tasas de mortalidad por cada mil nacidos vivos en 1987 (año base) era de 73; en el lapso 2008/2009 era de 30; la meta establecida para el 2015 es de 24, por lo que la brecha aún restante (de 6) es todavía alcanzable (34).

Finalmente, en cuanto a la mortalidad infantil en el período neonatal o post neonatal (en niños y niñas de 0 a 11 meses), la tasa descendió de 73 niños/as en 1987 hasta 30 casos de muerte por cada mil nacidos vivos en el 2008-2009 (la tasa descendió 59 por ciento respecto al año base, a un ritmo promedio anual de 2.7 por ciento. La fuente oficial calcula que al ritmo de descenso actual (3.5 por ciento anual), la meta definida para el 2015 (24 defunciones por cada mil nacidos vivos), será alcanzable (35).

Más allá de leyes, planes e informes oficiales: surgimiento de nuevos factores adversos, críticas y propuestas desde distintos sectores.

Ricardo Zepeda, analista e investigador social, con ocasión del cumplimiento de los primeros “cien días” de vigencia del gobierno de Álvaro Colom (abril, 2008), y particularmente, en relación a la lucha contra el hambre y la desnutrición, proponía, entre otras, las siguientes recomendaciones: otorgarle el rango de ente rector que por ley se le ha conferido al Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (CONASAN); priorizar institucional y presupuestariamente, el papel que le corresponde a la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN); institucionalizar una entidad que cumpla con la necesidad de abastecer las reservas alimentarias, especialmente, Granos Básicos, para afrontar situaciones de crisis y para regular los precios de estos productos (36).

Así mismo, el citado investigador proponía abordar la necesidad de una Política Nacional para el fomento de la producción sostenible de Granos Básicos y evaluar el Programa de Reducción de la Desnutrición Crónica (PRDC), ya que éste (a la altura de mitad de año en el 2008), había quedado prácticamente postergado (37).

Marcel Arévalo, coordinador del Área de Estudios de la Pobreza, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO/Guatemala), al realizar un balance preliminar y global de todos estos planes y programas gubernamentales de combate a la pobreza extrema y el hambre (año 2008), implementados éstos por los últimos gobiernos, señalaba básicamente tres defectos graves: el primero, su carácter periférico (no adquieren el rango de políticas económicas, no son compromisos de Estado ni rebasan los linderos del asistencialismo puntual); segundo, su hiperfocalización (la cobertura real de los mismos no tiene alcance ni impacto regional ni mucho menos nacional); y tercero, adolecen de un claro defecto clientelar (con fines electorales) (38). 

Retornando de nuevo al PRDC, este programa ha sido reevaluado recientemente por otras voces no gubernamentales, coincidiendo en sus apreciaciones con las declaraciones de Zepeda en el 2008. Por ejemplo, un reciente estudio de Naciones Unidas sobre los niveles de cumplimiento de la Estrategia Nacional para la Reducción de la Desnutrición Crónica (Enredc), concluyó que aunque ha habido algunos avances, en términos generales los seis ejes que la componen (servicios básicos de salud; educación alimentaria; lactancia materna; agua y saneamiento básico; mejoramiento de la economía familiar; organización comunitaria), han sido parcialmente abandonados por el Estado (39).

Según la Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil, la tasa de desnutrición crónica en el 2006 era de un 49.3 por ciento, siendo en la actualidad de 43.4 por ciento, lo que en opinión de Luis Monterroso, asesor sobre desnutrición para la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), refleja por una parte, un avance insuficiente (para el 2010 se esperaba que la reducción llegara al 41.2 por ciento), y por otra, según su opinión, refleja un abandono paulatino del programa (40).

Monterroso señala que toda la estrategia de reducción de la desnutrición implementada por la Secretaria de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SESAN), se basa exclusivamente en la distribución de Vitacereal (micronutriente), algo que es reconocido por Lily Caravantes, representante de ese ente estatal, afirmando que para cambiar esa situación se requieren cambios en la política pública respecto a la Enredc (41). 

Otro programa social y gubernamental que se relaciona directamente con la problemática de la desnutrición infantil y el acceso a la educación, es el llamado “Mi Familia Progresa” (Mifapro), el cual también ha sido duramente criticado. En tal sentido, Allan Martinez, director ejecutivo de la Asociación Nuevo Siglo, crítica la falta de estudios científicos serios para evaluar el impacto real de este programa (transformado en emblema social durante la gestión del presente gobierno) (42).

Por su parte, amplios sectores campesinos guatemaltecos aglutinados en diversos entes, en conjunto con fundaciones, ongs y centros de investigación afines, recientemente han denunciado la ausencia del Estado y de políticas públicas favorables a los pequeños productores del campo, señalando la histórica concentración de la tierra en este país, así como el creciente acaparamiento de tierras con fines de monocultivos (especialmente azúcar y palma africana), que despoja a muchos campesinos de sus pequeñas parcelas y cambia radicalmente el uso de la tierra, suprimiendo arbitrariamente las tan necesarias tierras maiceras y boscosas (43).

Entre las principales propuestas que el campesinado guatemalteco organizado ha hecho en los últimos tiempos, se tienen las siguientes; Declarar por parte del Estado la producción alimentaria asunto de urgencia e interés nacional; el impulso de Reformas Agrarias Territoriales; la creación del Sistema Nacional de Abasto Alimentario (que obligue al Estado a promover la compra de producción alimentaria campesina para acercarla a bajo costo al consumidor nacional); aprobar la Ley del Sistema Nacional de Desarrollo Rural y la Ley de Fomento al Cultivo de Granos Básicos (44).

En general las principales organizaciones campesinas aludidas enfatizan la importancia de fomentar la producción nacional de granos, en lugar de promover la importación de los mismos, pues no solamente arruina a los productores locales, sino que encarece los precios de los alimentos al ser importados por grandes empresas agro-comerciales que buscan grandes ganancias.

En este sentido, el mismo gobierno reconoce la importancia de aumentar la capacidad de autoabastecimiento, ya que el país produce los alimentos de la dieta básica de la población (maíz y frijol), en cantidades inferiores a las necesarias. Ello queda ilustrado al constatarse que la producción interna de granos básicos en el 2007 apenas tuvo la capacidad de cubrir el 73 por ciento de la demanda nacional de maíz y el 31 por ciento de la de frijol (45).

Lo anterior se ve agravado por el impacto negativo que el cambio climático ha tenido en el año anterior en Guatemala, el cual, según declaraciones de los propios funcionarios del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), solamente durante el año 2010 afectó a un total de 50 mil hectáreas dedicadas a cultivo de Granos Básicos (46).

A ese factor medioambiental particularmente agudo para el caso guatemalteco (47) combinado con los efectos de la crisis financiera mundial, UNICEF/Guatemala le ha denominado “La tormenta perfecta”, señalando los múltiples impactos negativos que ellos han ocasionado sobre la niñez y población guatemalteca en los últimos tres años (2007-2010), aumentando la cantidad de seres humanos que padecen hambre en este país.

De hecho, desde antes del estallido de la crisis financiera mundial en el 2007, uno de cada dos niños y niñas guatemaltecos ya se encontraba en condiciones de pobreza (48), agudizándose con la reducción de las remesas y los efectos de sequías, particularmente fuertes en áreas específicas como el llamado “corredor seco”, en el cual, durante el año 2009, un 24.8 por ciento de la población femenina entre diez y diecinueve años consultada por la Red Humanitaria, presentaba cuadros de desnutrición aguda (49).

Además de la sequía del año arriba citado, el país se vio afectado en el 2010 por otros dos eventos naturales de gran impacto socio-económico y medioambiental; las erupciones del volcán Pacaya y la tormenta Agatha. Según fuentes oficiales, ambos siniestros naturales afectaron a 911,043 personas (el 3.9 por ciento de la población total), ocasionando pérdidas por alrededor de los 1,553.3 millones de dólares, equivalente a casi el 25 por ciento del monto global del presupuesto de egresos de la nación (50).

En la perspectiva de Oxfam, la capacidad de supervivencia y recuperación de los pobres frente a los efectos adversos del cambio climático, dependen en gran medida de ciertas medidas muy concretas, entre las cuales señala: el acceso a la tierra y control de la misma, el dinero, los créditos, la información, la atención sanitaria, la movilidad social y la educación (51).

Empero, el informe de UNICEF advierte que no solamente los factores naturales relacionados con el cambio climático están amenazando la salud de los niños y población en general. Menciona también el deterioro en la calidad del agua producto de la acción humana irresponsable, como sucede en los casos de la grave contaminación que hoy padece el mundialmente famoso lago de Atitlán, y La Laguna del Tigre, situada en el departamento de Petén, y que representa la reserva de agua dulce más grande de Centroamérica (52).

El informe del organismo internacional lista los principales efectos adversos del cambio climático que de ahora en adelante Guatemala tendrá que enfrentar como parte de los retos crecientes: aumento dispar de la temperatura en diferentes regiones (unas con calor y otras con frío extremo); variabilidad en los regímenes de lluvia; aumento en el nivel del mar, especialmente en la Costa Sur de Guatemala; y altas probabilidades de padecer eventos climáticos extremos, como lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra; y la contaminación extensiva de ríos y lagos (53).

En lo relativo a los principales efectos adversos de la crisis económica y financiera mundial sobre Guatemala, se advierte entre otros los siguientes: incremento del número de personas que pasan hambre; menos exportaciones; menos remesas; más violencia; mayor inseguridad alimentaria; más demanda en servicios públicos de educación y salud; menor presupuesto público; más presión sobre los recursos medioambientales; y aumento de los negocios ilícitos (54).

En relación a lo anterior, durante el año 2009, la OIM y UNICEF realizaron varias encuestas de medición del impacto negativos de la crisis económica, enfocadas en hogares considerados vulnerables (es decir, un total de 1,104, 736 hogares guatemaltecos). De ellos, se considera que el 49.2 por ciento han hecho cambios en sus gastos para hacer frente a la disminución de ingresos económicos. De estos hogares, el 85.3 por ciento de las personas encuestadas compra actualmente productos más baratos; el 78.8 por ciento ha dejado de consumir determinados productos; el 67.16 por ciento compran menos cantidad de alimentos; otro 50.9 por ciento ha disminuido la compra de ropa y calzado; y el 3 por ciento de estos hogares han trasladado a sus hijos e hijas a escuelas públicas (55).

Finalmente, el citado estudio emite una serie de recomendaciones puntuales. En relación al mejoramiento de la seguridad alimentaria propone: poner mayor atención a los pronósticos del tiempo como parte de los sistemas de alerta temprana; diversificar los cultivos y el uso de variedades genéticas; fortalecer a las organizaciones de base que funcionan como sistemas de soporte para los agricultores; mejorar el acceso a fuentes de financiamiento para la producción y cadenas de comercialización (56).  

En términos de prevención de desastres sugiere ordenar y regular los asentamientos humanos y el territorio, así como incluir el tema de gestión de riesgo para los proyectos de inversión pública y privada. Y en relación al aseguramiento del suministro de agua, propone mejorar el ordenamiento y la gestión de los recursos hídricos; aprobar una ley general del agua; generar y mejorar la producción y difusión de información sobre los recursos y sus usuarios; aumentar los sistemas de almacenamiento de agua; riego y abastecimiento domiciliar; no ocupar áreas de recarga hídrica; tratar las aguas residuales y controlar la descarga de los alcantarillados sanitarios (57).

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Notas:

1-“Banco Mundial advierte de peligrosidad en alza de alimentos”; Prensa Libre, Guatemala, 20 febrero, 2011, p. 28.

2-El Coeficiente de Gini es un indicador del grado de desigualdad. El valor del coeficiente va de 0 a 1, donde 0 representa la igualdad absoluta (la misma cantidad de ingresos), y 1 representa la concentración máxima, es decir, la desigualdad absoluta (“Guatemala: ¿una economía al servicio del desarrollo humano?: Informe Nacional de Desarrollo Humano 2007/2008, PNUD, Vol. I, pp. 44-50).

3-Ibíd., p. 44.

4-Ibíd., p. 45.

5-Ann M. Veneman en; “Tracking progress on child and maternal nutrition: A survival and development priority”: UNICEF, New York, November, 2009, p. 3. 

6-Ibíd., p. 13.

7-Ibíd., p. 15.

8-“UNICEF afirma que las generaciones futuras corren peligro a menos que se realicen esfuerzos por eliminar la desnutrición con carácter urgente”; Nueva York, 11 de noviembre de 2009 (http://www.unicef.org/lac/media_16361.htm).

9- Ibid.

10- Tracking progress on child and maternal nutrition: A survival and development priority”: UNICEF, New York, November, 2009, p. 16.

11-“Guatemala, ¡Aún estamos a tiempo!: Avances y retos en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”: Secretaria de Planificación y Programación de la Presidencia –SEGEPLAN- (Separata: Guatemala, 30 de enero 2011, p. 2).

12-Ibíd., p.2.

13-“El potencial de tierras para la producción autosuficiente de maíz en Guatemala”: Katja Winkler & Rovoham Monzón: Coordinación de ONG y Cooperativas –COONGCOOP-; Guatemala, marzo de 2008, p. 5.

14-Ibíd., p. 5.

15- Ibíd., p. 4.

16- “La producción comercial por el otro lado, destinada mayormente para el consumo nacional con capacidad adquisitiva cada vez menor, se ve amenazada por el volumen de importaciones por las cerca de 100 empresas guatemaltecas de los grandes productores de maíz a nivel mundial, como son los Estados Unidos.… Las principales zonas de maíz amarrillo, sujeto a la compra por actores procesadores en la cadena de producción alimenticia y de sus derivados, en años anteriores suplían un alto porcentaje de la demanda nacional, pero actualmente presentan un limitado volumen de producción gracias a las importaciones baratas y las donaciones de maíz provenientes del vecino país del norte” (Ibid, p. 6).

17- Ibid, p. 4.

18. Ibid, p. 4.

19-Guatemala: ¿una economía al servicio del desarrollo humano?: Informe Nacional de Desarrollo Humano 2007/2008, PNUD, Vol. I, p. 41.

20-Ibíd., p. 43 y 379.

21- En el caso particular de Guatemala, entre el 2002 y 2006, la tasa de población en pobreza extrema bajó un poco más de 5 puntos porcentuales (“Estrategias de “Solidaridad”: Pactos, Planes y Medidas; Valoración de Impacto Real”: Sergio Barrios Escalante; CIIDH, noviembre, 2008, p. 6).

22-Por ejemplo, el artículo No. 1 de la Constitución Política de la República de Guatemala afirma que el Estado de Guatemala se organiza para la protección de la familia.  

23-Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), comprenden un total de 7 ejes-compromisos, entre los cuales sobresalen: la reducción a la mitad de la pobreza extrema y el hambre (ODM) y Reducir la Mortalidad de los Niños menores de cinco años (ODM4), con metas concretas a ser alcanzadas en el año 2015.

24- En este importante documento (que lamentablemente quedó únicamente como acuerdos de gobierno pero no de Estado), se asumen compromisos específicos en el área socio-económica.

25- Los objetivos del programa Guate Solidaria Rural eran bastante ambiciosos; 1) Reducir la desnutrición infantil, 2) Mejorar los ingresos e incentivar la formación de capacidades, 3) proporcionar acceso universal a la educación, 4) ampliar la educación secundaria básica, 5) Erradicar el analfabetismo, 6) mejorar la salud materna, 7) reducir la mortalidad infantil, 8) fomentar la participación comunitaria para el desarrollo, 9) mejorar los accesos viales a las comunidades y la competitividad local (Barrios E., Sergio, Op. cit, p. 12).

26- Este ha sido prácticamente la “punta de lanza” durante los cuatro años de gobierno de Álvaro Colom (2008-2011), y ha sido el paraguas conceptual e institucional bajo el cual se crearon en los primeros meses del año 2008 cuatro programas principales; “Mi Familia Progresa”; “Escuelas Abiertas”; “Bolsas Solidarias” y “Comedores Solidarios”. En definitiva, el más priorizado (y al mismo tiempo el más polémico de ellos), ha sido “Mi familia Progresa”, el cual fue creado a través del acuerdo gubernativo 117-2008, el 16 de abril del 2008, fecha desde la cual ha gozado de decenas de miles de millones de quetzales para su ejecución (Ibíd., pp. 6-10).

27-“Tercer Informe de Avances en el Cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”: Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, Secretaria de Panificación y Programación de la Presidencia (SEGEPLAN), Guatemala, noviembre de 2010, p. 15.

28-Ibíd., p. 16.

29-Según el análisis de Segeplan, en ello influyó directamente la sucesión de desastres naturales como el “Mitch”, y eventos económicos como la baja de los precios internacionales del café, considerando que ambos sucesos impactaron de lleno a la economía campesina y sus fuentes de autoabastecimiento alimentario.

30-Ibíd., p. 39.

31-Ibíd., p. 39.

32-“Tercer Informe de Avances en el Cumplimiento de los Objetivos de desarrollo del Milenio”: Objetivo 4: Reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años; SEGEPLAN, Guatemala, noviembre 2010, p. 15.

33- Ibíd., p. 15.

34-Ibíd., p. 15.

35- Ibíd., p. 16.

36-En este sentido, Zepeda profundizaba su propuesta diciendo que: “Una opción sería la creación de un Instituto Nacional de Abastecimiento Alimentario, que cumpla la función de compra de alimentos a pequeños productores para distribuirlos en épocas de escasez, y que impida la utilización temática del hambre para la realización de eventos filantrópicos, tal como el actual Banco de Alimentos…” (“El Derecho a la Alimentación y la Crisis Alimentaria en Guatemala”; Ricardo Zepeda: Revista electrónica Albedrío; Guatemala, 21 de abril, 2008).

37-Ibíd.

38-Entrevista realizada por el autor del presente ensayo: (ver; “Estrategias de “Solidaridad”: Pactos, Planes y Medidas; Valoración de Impacto Real”: Sergio Barrios Escalante; CIIDH, noviembre, 2008, p. 13).

39-“ONU señala abandono de plan contra desnutrición” (Prensa Libre, Guatemala, 12 febrero, 2011, p. 3).

40-Ibíd., p. 4.

41-Ibíd., p. 4.

42-Ibíd., p. 4

43-“La Agricultura familiar campesina sostenible, es la respuesta a la crisis alimentaria” (Comunicado de Prensa de organizaciones campesinas, ongs, fundaciones y centros de investigación: Guatemala, 20 febrero, 2011).

44-Ibid.

45-“Tercer Informe de Avances en el Cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”: Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, Secretaria de Panificación y Programación de la Presidencia (SEGEPLAN), Guatemala, noviembre de 2010, p. 38.

46-Emisoras Unidas, Guatemala, 24 febrero, 2011.

47- Guatemala es uno de los diez países más vulnerables a desastres naturales, según la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (UNISDE, 2009): “Guatemala: la tormenta perfecta (impacto del cambio climático y la crisis económica en la niñez y adolescencia”); UNICEF/Guatemala, 2010, p. 13

48-Ibid, p. 11.

49-Ibíd., p. 12.

50-Ibíd., p. 13.

51-Ibíd., p. 13.

52-Ibíd., p. 14.

53-Ibíd., p. 16.

54-Ibíd., p. 21.

55-Ibíd., p. 35.

56-Ibíd., p. 56.

57-Ibíd., p. 56.

 

Sergio Barrios Escalante.

Científico Social e Investigador. Miembro de la Iniciativa Guatemalteca por la Niñez y Adolescencia-ADINA.

 

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Convivencia Alterna forma parte de la Revista de Analisis de Fondo  Raf-Tulum

Contacto:

convivenciaalterna@yahoo.com

serbae2004@yahoo.com.mx

 

 

 

 

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2 Responses to “GUATEMALA: HAMBRE Y DESNUTRICION CRONICA INFANTIL Y GENERAL”

  1. Edwin Says:

    Excelente!! Felicitaciones!!


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